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Sergio Varona Moya

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Vampirizado por una pantera
La boda  
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EL BURLADERO DEL TORERO ECONÓMICO

Olvida las injurias y recuerda la amabilidad (Confucio)

Como lágrimas en la lluvia

Lo siento. Lo siento mucho por los que no hayáis visto Blade Runner. Pero si no lo habéis hecho hasta ahora, si todavía no habéis podido encontrar un huequecito para visionar esta obra maestra del Séptimo Arte, entonces... no creo que lo vayáis a hacer nunca. Así que me tomo la libertad de poner en esta entrada unos minutos del final de esta maravilla del celuloide: la muerte del replicante Roy Batty. Uno de los momentos más emocionantes de la Historia del Cine. Una genialidad del actor Rutger Hauer, que redactó por si mismo el famoso monólogo, en un intento de robarle la película al mismísimo Harrison Indiana Jones Ford.
 
 
 
El motivo de esta entrada es que se acaban de cumplir 25 años del estreno de este filme de ciencia-ficción, único en su género, ya que, quizá por el asombroso talento creativo de la gente que trabajó en ella, no sólo no ha pasado de moda, sino que cuanto más nos acercamos al 2019, año en que se desarrolla la acción, más similaridades descubrimos entre el futuro probable, forzado por los dirigentes políticos, y el posible, trazado en negro por Ridley Scott y su equipo. Ciudades oscuras e inhabitables, ciudadanos atemorizados e impersonales, mezcolanza caótica de razas, culturas y creencias y, en la cúspide de la pirámide social y económica, el poder tecnológico que guía -y también crea- nuestra vida, motivada únicamente por el anhelo de escapar a mundos remotos... hasta que descubrimos el amor redentor, que puede dar sentido a una existencia, aunque ésta sea artificial.
 
Sus imágenes y su atmosférica banda sonora -compuesta por Vangelis-, hacen de Blade Runner una verdadera experiencia audiovisual, comparable a otros grandes títulos del género (2001: una odisea en el espacio) o del cine en general (Apocalypse Now, Lawrence de Arabia). Nació casi muerta, asfixiada por productores y críticos, pero un cuarto de siglo después, su belleza, aunque sea de naturaleza inquietante, sigue deslumbrándonos.
 
 

Por fin...

 

¡¡Ya terminé los exámenes!!
 
Ahora tengo tiempo para no hacer nada
Y para leer
Y para ver pelis
Y para preparar bien la boda
Y para pasear
Y para fisgar por Internet
Y para soñar despierto
Y para soñar dormido
Y para soñar contigo
Y para soñar junto a ti
 

El duelo final

 

 
Al final sólo puede quedar uno

No mires ahora, pero... estás siendo vigilado

Entre 1927 y 1932 se realizó un estudio en la Hawthorne Plant de la Western Electric Company en Cicero, Illinois. En este estudio se investigó el efecto que producían en la productividad los cambios ambientales introducidos por los investigadores. Los investigadores comprobaban que aumentando el nivel de intensidad luminosa en la planta, se aumentaba la productividad. La sorpresa fue cuando se disminuyo la intensidad luminosa y se comprobó que la productividad también aumentaba. Prácticamente se podía cambiar cualquier aspecto de la metodología de trabajo de la planta y la productividad aumentaba. 

¿Cómo podía ser esto? La mayor conclusión de dicho estudio es que a los trabajadores les agradaba la atención recibida durante el estudio y se esforzaban por rendir más. Otra conclusión equivalente es que la novedad introducida por el nuevo sistema saca a los trabajadores de su letargo metodológico, que a la gente le gusta la novedad y le aburre hacer las cosas siempre igual.

A esto se le ha venido a denominar el Efecto Hawthorne.

 

¡¡¡Ya están aquí!!!

¡¡Los exámenes han vuelto!!

¡¡Otra vez!!

Mi Regla de Oro de la Fotografía

 

"Si lo has visto, no lo has fotografiado"

 

 

Compromiso matrimonial

 

El tamaño importa

Como tengo que fotografiar la boda de mi hermano el 7 de Julio (¡¡San Fermín!!) me he tenido que comprar este PEDAZO DE teleobjetivo a muy buen precio (es un Sigma 70-300 mm con función macro, por 240 € en el FNAC).

AhOra podré fotografiar las cosas desde más lejos y desde más cerca

El camión de bomberos chino

¿Conocéis esos antiguos juguetes de hojalata de los años 40? Esos con forma de caballo o de tiovivo o de coche. Esos que solían contener un sencillo mecanismo que los ponía en movimiento o que hacía sonar una melodía... Pues bien, mis padres poseen uno de esos juguetes. Se trata de un camión de bomberos de color rojo, con su sirena, su escalera plegable en el techo, su manguera y sus cuatro metálicos ocupantes, cada uno con su reglamentario casco de color negro. Si se le da cuerda, la sirena suena, estridente, y la escalera se levanta y se extiende. Una verdadera joya que debió de fabricarse en China o en Japón o en algún otro país asiático, a juzgar por los caracteres escritos en la caja de cartón donde lo guardamos.

Tengo 27 años y en todo ese tiempo creo haber visto el camión en acción unas cuatro veces. La última fue este mismo fin de semana, cuando mi padre lo sacó del trastero y lo subió a casa. Supongo que tardarán meses antes de que vuelva a ver como estos muñecos de hojalata se disponen a sofocar otro incendio imaginario.

El camión de bomberos chino siempre provoca en mi padre el mismo comentario: "Esto es una joya. Ya no hacen juguetes así. ¡La de años que tiene!" y al escucharlo, de nuevo, este fin de semana me ha parecido chocante y también un poco patético que el destino de este juguete - que sin duda era alegrar las horas de ocio de un Juanito o de una Susanita, y muy probablemente romperse una tarde de lluvia en la que ni Juanito ni Susanita podían salir a jugar al jardín, provocando un mayúsculo enfado de sus respectivos padres- haya degenerado, a causa de su naturaleza de juguete precioso y delicado y precisamente en contra de ella, en dormir el sueño de los justos en su ataúd de viejo cartón, guardado a buen recaudo en un oscuro trastero.
 
Lo mismo pasa con la vida. Ciertas palabras, ciertas emociones, ciertas acciones se conservan bien guardadas, protegidas de todo y de todos. Evitamos que cumplan su cometido por temor a que al hacerlo desaparezcan. No nos atrevemos a aceptar que su propia naturaleza obliga que las expongamos al descubierto, que las mostremos, que las usemos, que pasen de mano en mano, que el sol las ilumine y la lluvia las empape, que se deterioren, que se gasten, que se descompongan.
 
Un juguete gastado, una piel ajada, una maleta de piel raída, un libro de lomo ilegible, un corazón doliente, una lágrima derramada, el último vaso de una cristalería, un calendario lleno de anotaciones... son testigos de un tiempo bien aprovechado.

Lo breve, si bueno, dos veces bueno

El Haiku es una de las formas más bellas de la literatura japonesa. Se trata de un poema corto de diecisiete sílabas, distribuidas en tres versos, usualmente de 5-7-5 respectivamente. Alcanzó su forma actual a finales del siglo XV y debe su nombre al poeta Shiki (1867-1902). Su relato es descriptivo. Como flash que ilumina un instante, casi siempre un paisaje. El protagonismo se dirige hacia la naturaleza, contemplada en las diferentes estaciones del año. Estos pensamientos se encadenan con percepciones de muy diversa índole: nostalgia, humor e incluso religiosos, procedentes estos de la sabiduría del zen.
 
 

 
En ruiseñor
sueña que se convierte
el grácil sauce.

BASHO
 
Un viejo estanque.
Se zambulle una rana:
ruido del agua.

BASHO
 

Se va el otoño,
y escondido en la yerba
un arroyuelo.

 SHIRAO

Mientras lo corto
veo que el árbol tiene
serenidad.

ISSEKIRO

Aquí tenéis algunos enlaces a web sobre haikus

Revista digital Haiku No Michi

Los mejores haikus en la red

El rincón del haiku

 
 

Martes y Trece

 
 
 
  
 
 ¡Y hoy es martes, gran Dios!...¡Martes y trece!...
¿Por qué el terror invade el alma mía?
¿Por qué me inspira un miedo extraordinario
esa cifra, ¡ay de mi! del calendario?

¡Ah, no cifra fatal!... No humillareis
el valor de Don Mendo; no podreis;
todas iguales para mí sereis...
¡Trece, catorce, quince y dieciseis!...

(La venganza de Don Mendo, Pedro Muñoz Seca)